la mejor época de París es el inicio del siglo XX disfrutar un día como si fuera el último en la vida, beber champagne hasta la madrugada, despedir al Art Nouveau para comenzar a entender la universalidad del cubismo, las posibilidades del dadaísmo como la oposición a lo que conocemos como “razón”, en contra de lo convencional, abrir la mente a otro tipo de poesía como los caligramas de Guillaume Apollinaire, aceptar la importancia del inconsciente, disfrutar de la elegancia desenfrenada, de una nueva moda, las primeras nociones de equidad de género y ese afán por la vanguardia poderosa y sustancial.

Imaginemos las reuniones entre Pablo Picasso, Salvador Dalí, André Breton, Jean Arp, entre otros, en las que se hablaba con una impecable agilidad mental y una increíble visión sobre el mundo futuro, sin dejar la tertulia bohemia, este era el camino hacia la poderosa interdisciplina. ¿Qué tiene más poder, la idea o la cosa? ¿Qué es el arte objeto? Cito al artista Marcel Duchamp (1887-1968) al definir al readymade como un objeto o la combinación de dos objetos que han perdido la función para la cual fueron hechos y ahora solo existen por su belleza contradictoria, siendo preservados y exhibidos en las más grandes colecciones de arte.

Un gran ejemplo es Bicycle Wheel, un banco de cuatro patas que tiene una rueda de bicicleta en el asiento, dos diámetros que convergen e imposibilitan tanto sentarse como andar en bicicleta, una escultura llena de ingenio y gracia, a todos se nos podía ocurrir, pero no se le ocurrió a nadie. Hoy en día, existe un gran debate. Se decía que la pintura había muerto y el arte conceptual tenía todas las de ganar, una idea poderosa y bien construida.

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